Humíllense delante del Señor, y él los exaltará. Santiago 4:10

Nadie se gradua de humilde.  Todo el que aspire a esa virtud debe permanecer humilde. Es un esfuerzo diario y de todo momento.

Esto es porque el orgullo, por su misma naturaleza, no se va a dejar vencer fácilmente. El orgullo debe retomar el trono. Necesita volver a estar en el lugar mas alto, y su enemigo mas grande es la humildad.

La humildad no es un estado de ser. Es una decisión. Y es una decisión que se pone a prueba en todo momento. Ser humilde requiere esfuerzo, energía e intensión, pero sobre todo, rendición.

La humildad es simplemente reconocer que todo a mi alrededor no se trata de mí, y darle el lugar a aquel de quien en realidad se trata todo: Dios.

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