¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú. Si cabalgo sobre las alas de la mañana, si habito junto a los océanos más lejanos, aun allí me guiará tu mano y me sostendrá tu fuerza. 

Salmos 139:7-10 (NTV)

Si Dios es omnipresente, no hay tal cosa como que Dios está lejos o cerca. El está aquí y allá. Al mismo tiempo. Por eso no se puede “huir” de su presencia. Es inevitable.

Dios está donde tú estás. Lo que sí puede cambiar es tu percepción de Su cercanía. ¿Que es mejor? ¿Saber que Dios está contigo, o percibir que Dios está con contigo? Para mí, la primera. Es mejor saber que Dios está conmigo, en vez de tener la necesidad de percibirlo así todo el tiempo. Mi fe no debe variar aunque mis percepciones si lo hagan. 

Necesitamos fe, pero no una fe que se mueva por percepciones o pruebas emocionales. Necesitamos una fe que no dude de lo que ya sabemos, sino que se aferre de las promesas de Dios como un ancla. 

Que Dios esté lejos o esté cerca es mas un tema de tu percepción y fe, que de Dios mismo. Por eso, si Dios está en todos lados, “tener fe” es simplemente estar consciente, todo el tiempo, de su compañía. 

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