La gran mayoría de adicciones son mecanismos de defensas por ciertos miedo que tenemos.

El alma revela una inseguridad y como no se está conectando al espíritu, la carne decide reaccionar para saciar superficialmente el dolor del alma.

Por ejemplo cuando alguien te juzga y ataca tu identidad, si no t has conectado al Espíritu Santo no crees contundentemente que eres hijo de Dios, entonces tu carne puede reaccionar con enojo, victimización y otras defensas. 

O bien cuando no logras hacer ciertas cosas, y en vez de anclarte al Espíritu Santo y creer sin dudar que con Cristo somos más que vencedores, le das espacio a la carne para tomar alcohol o sustancias para “fortalecerte”.

La pregunta es si has dejado que el perfecto amor de Dios te perfeccione y te conecte a su Santo Espíritu para vivir como fuiste inicialmente diseñado?

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, …”

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