En el mundo actual estamos muy acostumbrados a lo instantáneo y lo desechable. Se ha perdido la cultura que las cosas buenas se construyen poco a poco y lo que se quiebra se repara. (De hecho, en la cultura japonesa la cerámica que se quiebra se pega con goma de oro, para embellecer y recordar su historia).
El proceso de santificación, es un proceso de por vida. Cuándo nos preguntan si queremos ser santos, pareciera que todos queremos. De hecho hasta oramos para que Dios nos quite esto o aquello. Pero cuándo viene las pruebas, las pasadas por fuego para quitar esas impurezas perdemos de vista el objetivo, que es ser semejantes a Jesus. Así que siempre reflexiona: en esto que estoy viviendo, como me puedo forjar más a la imagen de Dios? Estoy reemplazando mi ira por misericordia? Mi tristeza por gozo? Mi libertinaje por dominio propio?

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